viernes, 31 de mayo de 2013

Planes.

Yo solo quería andar sin rumbo; apurar el paso, y el vaso; tropezar de vez en cuando, y quizás repetir, solo si la piedra es bonita. Y jurarme no regresar.

Yo solo quería seguir construyendo mi inquebrantable muralla, con una puerta trasera para cuando la piel pidiera más.

Yo solo quería guardar las balas que se estrellaron en mi esternón, coleccionarlas, nombrarlas una a una; todo, para no olvidar que estoy mejor sola conmigo.

Yo solo quería restaurar mis aurículas, y desgarrar las de los demás.

Yo solo quería enseñar los dientes por las mañanas; por las tardes, odiar en silencio a las parejas que pasean cosidas por sus falanges; y llorar hasta la deshidratación por las noches.



Y entonces, apareciste tú, sin pedir permiso, con la mirada convencida y el pecho expuesto. Apareciste, valiente estúpido, para enfrentarte con mis gigantes. Y tras destrozarlos uno a uno, me pediste que sonriera.
Con eso fue suficiente para desordenar todo mi mundo.


Porque yo solo quería dejar de querer. Y ahora solo quiero querer(te) más.


lunes, 6 de mayo de 2013

Cinefilia

Teniendo en cuenta la deprimente evolución del cine en los últimos años, encontrar alguna película realmente buena (o solo buena, o un poco buena) es casi imposible, sin el casi. Pero de vez en cuando, como buena cinéfila que soy, me invade un rayo de esperanza cinematográfica y decido darle una oportunidad al séptimo arte. Y a veces, casi sin querer, me encuentro cosas como ésta.
"Dogville", obra de Lars Von Trier, no es la mejor película que he visto, pero en mi opinión, merece la pena verla nada más que por este fragmento:


- La culpa es solo de las circunstancias. Los violadores y los asesinos puede que sean víctimas según tú, pero yo, yo los llamo perros, y si lamen sus propios vómitos, el único modo de detenerlos es con el látigo.

- Los perros solo se guían por su instinto, ¿por qué no íbamos a perdonarlos?

- A los perros les podemos enseñar muchas cosas, pero no si les perdonamos cada vez que se dejan llevar por su instinto.

- ...soy arrogante. Soy arrogante porque perdono a las personas.

- Por Dios... ¿No te das cuenta de lo condescendiente que eres al decir eso? Tienes la idea preconcebida de que no hay nadie que pueda alcanzar los elevados valores morales que tú tienes, y disculpas a todos. No puedo pensar en nada más arrogante que eso. Tú, mi querida hija, perdonas a los demás con excusas que por nada del mundo admitirías para ti misma...

- ¿Por qué no voy a ser clemente? ¿Por qué?

- Tienes que ser clemente cuando el momento lo exige. Pero también tienes que conservar tus valores, se lo debes a ellos. El castigo que mereces por tus tropiezos, ellos lo merecen por los suyos.


Quizá a vosotros no os parezca nada del otro mundo, pero a mí me pareció una genialidad.